viernes, 1 de agosto de 2014

Los perros “cristianos” de la Nueva España




José Antonio González Gómez

Introducción

Los perros domésticos (Canis lupus familiaris), han acompañado a la Humanidad en los últimos treinta mil años, como armas, auxiliares y rastreadores de caza, guardianes de ganado y hogares, persecutores de alimañas y ratas, animales de engorda y fieles compañeros.

 
Durante esta convivencia de miles de años, las distintas sociedad no solo ha considerado su papel activo, sino también les asigno una serie de características simbólicas; de esta manera, los perros han sido emblemas de fidelidad y amistad (tradición grecolatina clásica), de nobleza, lealtad, vigilancia y paciencia (tradición medieval europea), aunque también ha sido símbolo de impureza, lujuria, suciedad y cobardía en la tradición hebraica y musulmana y tienen en un aspecto negativo también en el imaginario cristiano y medieval, como una encarnación de la envidia, la furia y la melancolía; de hecho una de las formas preferidas del demonio en aparecerse durante el medioevo, fue como un enorme can negro con ojos en llamas.

Aparte de la carga positiva o negativa que ha conllevado la figura de los perros, sus dueños por lo regular desarrollaron y crean vínculos afectivos con ellos y esta carga emocional se expresó y expresa, incluso con una identificación con sus necesidades y conductas, llegando a desarrollar sentimientos de empatía.

En el mundo novohispano, sobre todo en el siglo XVIII, estos sentimientos y actitudes hacia los perros domésticos hizo que entre varios grupos urbanos (sobre todo en la ciudad de México), se les considerara parte del grupo domestico y que así, entre bromas y de veras, de manera explicita e implícita, humanos y como tales, participantes de la vida familiar y social y en consecuencia, poseedores de alma, inteligencia y sentimientos semejantes a los de los seres humanos y merecedores de tener el carácter de cristianos.

Los perros en la Nueva España

¿Qué paso con los perros que existían en el México Prehispánico? Las estudiosas del tema (Mercedes de la Garza Camino y Carolyn Bauz de Czitrom) plantearon en 1997 y 1998, que las razas caninas autóctonas (xoloitzcuintlis y techichis), disminuyeron notablemente entre los siglos XVI y XVIII, posiblemente por un excesivo consumo alimenticio, el paulatino abandono de crianza y el entrecruzamiento genético con las nuevas poblaciones caninas de origen europeo.

De acuerdo a los interesantes estudios de los académicos Jesús Salvador González Ávila (2007), Alfredo Bueno Jiménez (2011) y Arnauld Exbalin Oberto (2014), la gran mayoría de los perros que vivieron en la Nueva España, se originaron en su mayoría de ejemplares que cruzaron el Atlántico desde Europa y las Islas Antillanas, cuyas razas a mediados y finales del siglo XVI, fueron de talla mediana y grande, como lo fueron alanos, lebreles o galgos, mastines, podencos, sabuesos.

Dichos ejemplares, sostienen los académicos referidos, eran considerados parte del armamento militar hispano y estaban acostumbrados a atacar y masacrar no solo a guerreros y poblaciones indígenas, sino también a jaguares y pumas, como lo prueban los relatos y códices del siglo XVI, siendo los mas citados la lebrela de Hernán Cortés, el mastín Amadís de Luis Rojas, gobernador de Santa Marta, el lebrel Bruto de Hernando de Soto y los perros criollos Becerrillo y Leoncio, terror de indios armados o indefensos, a los que atacaron siempre.
 Ataque de lebreles y mastines a poblaciones de Yucatán (Siglo XVI), Lámina XVI del libro Narratio Regionum Indicarum de Francfort del Meno, 1598

 Lebrel atacando a cacique indígena de Cholula en pleno Aperreamiento (Siglo XVI, Coyoacán) Códice del Aperreamiento – Biblioteca Nacional de París


Una situación que marcan los estudiosos del tema, fue el hecho de que la población indígena de la Nueva España adopto la crianza y uso de los perros de razas europeas de talla grande y mediana, casi en forma masiva, tanto para la convivencia domestica como su empleo como vigilantes de casa y de propiedades y rebaños.

  Perros vigilando casa y patio en la Misión de San José del Cabo  (Siglo XVIII - California)

Esta circunstancia y el hecho de que también estancieros, ganaderos y hacendados criaron y usaron razas grandes para proteger propiedades y arrear rebaños ya a finales del siglo XVI, resultaron en la existencia de perros ferales en los campos novohispanos, descendientes de perros que habían escapado a la libertad y que cada cierto tiempo, en jaurías, atacaban a la fauna nativa, y ocasionalmente a ganados e incluso a campesinos desarmados.

En las ciudades, tal situación tendía a repetirse según los reportes virreinales en los siglos XVII y XVIII, con las jaurías de perros abandonados que vagaban por las calles y solares de la ciudad de México; según las fuentes de época, su número aumentaba periódicamente a tal grado, que era necesario llevar a cabo campañas de exterminio, a fin de que su numero fuera controlable y no afectara la seguridad de los pobladores.

  Perros callejeros en el Mercado del Parián, ciudad de México, Siglo XVIII

A la par de estos perros callejeros, se dio también entre los siglos XVII y XVIII, la presencia de perros de razas medianas, pequeñas y aun enanas, como animalitos domésticos entre las poblaciones urbanas acomodadas; dichos perros no solo cumplían su función de perseguir y eliminar roedores, y de avisar ante la presencia de intrusos, sino que eran acompañantes de niños y señoras, incluso del jefe del hogar, llegando a ser considerados amados miembros de la familia.

Esto sucedió porque en un siglo escaso, cambio el aspecto y composición de la población canina novohispana, cuando comenzaron a llegar en los siglos XVII y XVIII,   razas pequeñas y medianas como las de los spaniels, spitz, papillones, grifones, bichones, etc., agrupados genéricamente como perrillos ó gozques, que fueron adquiridos como autenticas mascotas, por las poblaciones de criollos, mestizos e hispanos de las principales ciudades de la Nueva España.

 Perro y mujer, capturando a un ladrón en el mercado, detalle del cuadro Visita de un virrey a la catedral de México, 1720

Estos perros falderos fueron tan queridos y estimados, que incluso en el siglo XVIII aparecían públicamente en brazos, en el Mercado del Parían o en los eventos públicos de la capital novohispana


Pareja con perro faldero en brazos en el Mercado del Baratillo, detalle del cuadro Visita de un virrey a la catedral de México, 1720.

De estos perros falderos, predilectos de señores, matronas, jóvenes, niños y señoritas quedadas, destacaban los llamados perros poblanos, oriundos de la región de Puebla; dichos perros eran pachones (de pelaje largo, hocico cuadrado o chato, patas cortas y de temperamento tranquilo), de lanas blancas, usualmente con medio cuerpo afeitado, de piel color rosa; en la punta de la cola, rasurada, lucían un esponjado vellón, que podía tener atado con una cinta verde. Estos perros falderos miniaturas, (mexican lapdog) desafortunadamente se encuentran hoy extintos.
 
  Perrillo, Grabado sobre metal, en El Periquillo Sarniento, 1ª. Edición, 1816

  
Perros falderos mexicanos, Grabados ingleses en metal, 1853

El afecto a esos perros, escandalizo a las conciencias puritanas, pues el cariño y atención a las mascotas se expresó no solo en mimos, sino en esfuerzos de integración a la comunidad cristiana, mediante rituales como bautismos y sacamisas, celebrados entre convites organizados en torno a las perras y sus perritos, a los que asistían familiares, amigos y vecinos.

La sacamisa canina de 1749

Todavía hasta principios del siglo XX, las familias del centro de México tenían la costumbre de la “sacamisa”, que consistía en llevar a los recién nacidos y a sus madres, para que recibieran su bendición y oyeran misa después del parto; el padrino o madrina acompañaba así a su ahijado, haciéndose cargo del costo de las ropas de presentación y del convite o festejo correspondiente, ya como compadre o comadre. Con frecuencia, la sacamisa se realizaba entre los seis meses y la siguiente semana luego del parto, y se trataba de coincidir con la fecha de la ceremonia del bautismo del recién nacido.

Dicha explicación es necesaria, para entender el contexto y las implicaciones del contenido de la denuncia presentada el 19 de abril de 1749 ante el Tribunal de la Inquisición de México, por Joseph Antonio de la Quijada y Vargas. Este sujeto relató lo que oyó a un vecino suyo, llamado Joseph Conde, español soltero de 23 años, que vivía con su madre a la orilla de la Acequia de los Curtidores, situada en los linderos de los barrios de la Merced, Hornillo y San Pablo de la ciudad de México.

Según el relato, en la Pascua de Resurrección de 1749, (posiblemente en los últimos días de marzo), Joseph Conde había ido a pasearse de jamaica (de fiesta y verbena), en la vecindad de los canales de la Viga y allí encontró a Luisa Milanesa y a Domingo Milanés con toda su familia, vecinos de él y del denunciante.

La familia Milanés había ido a pasear y a festejar la sacamisa de una perra que tenían y que había parido en su casa, llevando los perritos, muy adornados en una rica jícara o chiquihuite arreglado; una mujer, amiga de la familia (de quien el denunciante y Joseph Conde ignoraban su nombre) había llevado una merienda y se había hecho cargo de los costos de la sacamisa de los perritos.

Según el relato, Conde vio como la familia Milanés le presentó la jícara en que estaban los perritos muy enflorados a la mujer, a la que llamaron comadre (posiblemente por apadrinar a los perritos) para que viera a estos. Ella los miró y luego, les deposito en su jícara, un doblón (una moneda de oro) y una mascada (una pañoleta o prenda de tela ligera de algodón o seda, para cubrir cabeza o cuello).   

Conde platico todo esto a Joseph Antonio de la Quijada y Vargas. Este luego vió a dicha comadre llevar dos velas a la casa de la familia Milanés para la sacamisa de los perritos y como en ese momento estaba con otro español, el curtidor Tadeo de Porras (que vendía sus productos en el estanco de los Cordobanes en la ciudad de México), ambos le dijeron a la tal mujer que era una infamia el como trataban las ceremonias de la Iglesia y que le delatarían al Santo Oficio, con cuyo motivo se corrió (se avergonzó, se confundió) la dicha mujer, que ante el interrogatorio del denunciante y de Porras sobre si las velas eran para la sacamisa de la ´perra que había parido, les respondió aturdida que las velas eran para un santuario que estaba cerca de Toluca, pero no negó ante ellos, lo de la perra.

La pesquisa concluyo con el envío días después, de un agente inquisitorial que tenia por comisión llevar ante el Tribunal a Joseph Conde para declarar. El agente encontró a Joseph sumamente enfermo junto con su madre y esperando al Viatico para recibir los santos oleos, por lo que se le excuso de presentarse y declarar.

El agente recorrió el caserío que se encontraba en la Acequia de los Curtidores, averiguando sobre el asunto pero no hallo información sobre el mismo  ni personas que reconocieran lo sucedido, por lo que se cerro la averiguación.   

Este no fue el único caso denunciado ante la Inquisición Novohispana en el siglo XVIII, pues también se detectaron dos casos en la ciudad de México, sobre bautismo de perritos recién nacidos y los correspondientes convites y festejos, para los años de 1771 y 1780.

El alma animal y su destino en el Cristianismo

¿Por qué la Iglesia Católica de la Nueva España encontraba punible ya no digamos hacer, sino hasta considerar el bautizar a los perros?

La posición eclesiástica a ha sido y es desde siglos, que el bautizo y el resto de los sacramentos, son gracias que Dios instituyo y que la Iglesia otorga solo a los seres con almas completas e inmortales, que tienen posibilidad de salvación y santidad; en otras palabras, solo a los seres humanos.

Desde la obra de san Agustín y Tomas de Aquino, la Iglesia Católica ha considerado y considera que si bien los animales son creaturas de Dios, no fueron hechos a su imagen y semejanza, por lo que no tienen alma espiritual, ni inteligencia racional ni libre voluntad, por lo que como brutos irracionales, su alma perece junto con su cuerpo al momento de morir.

Esto significa que los animales simplemente tienen almas que no son ni espirituales ni inmortales, pues solo están compuestas de almas vegetativas y sensitivas (que gobiernan la actividad vital y los sentidos), que substancialmente son simples e incompletas; por esto, las almas de los animales (definidos estos eclesiásticamente como irracionales) no han sido, no son ni serán inmortales y por lo tanto, desaparecen con la muerte del cuerpo, sin posibilidad de resurrección alguna ni de entrar al Cielo

Es más, en la posición ortodoxa eclesiástica establecida desde la Baja Edad Media, era una herejía o una superstición mayor, el considerar que los animales podían tener voluntades, sensibilidades, intencionalidad, pasiones y otros atributos exclusivamente humanos, como por ejemplo, el sentir dolor como el padecido por los seres humanos, el tener un alma inmortal, la posibilidad de resucitar o de acceder al Cielo o bien, tener derecho a recibir trato, servicios o productos reservados exclusivamente a los seres humanos, únicos seres racionales, completos y poseedores de alma inmortal que tenían derecho a la salvación eterna y a la resurrección de la carne.

Esta postura explica la pesquisa, condena y persecución al culto a san Guinefortis, el santo lebrel desde el siglo XIII, por considerar que esta devoción presente en la región francesa de Lyon, acordaba indebidamente dar honor divino a un bruto irracional, pese a la explicación popular de que el perro Guinefortis se había convertido en mártir y santo protector de niños, al sacrificarse por exponerse valientemente para salvar un infante, siendo muerto de forma injusta y salvaje por este acto, por el padre del niño salvado, tal y como ha estudiado este complejo tema el connotado historiador Jean-Claude Scmitt en 1979.  

La actitud de la Iglesia en este caso, era la respuesta de los canónicos preocupados por dos hechos relevantes:

a)      La idea de los campesinos y pueblo en general, de que los animales domésticos tenían alma e inteligencia como los seres humanos y de que sí eran bendecidos, estaban bautizados y que si eran buenos (como servir e integrarse a los designios humanos) irían al cielo y que si eran malos (teniendo una conducta y sentimientos rebeldes, agresivos y salvajes) irían al infierno; de tal forma, no solo había un solo cielo, sino que existían múltiples cielos  (el cielo de los perros, el cielo de los caballos, el cielo de las gallinas, etc.), mismos que coexistían con el cielo humano.

b)      La pretensión de los campesinos y pueblo en general, de que ellos podían definir los criterios de santidad por simple aclamación o acuerdo popular, dejando fuera el poder de la Iglesia sobre el decidir quien merecía ser santo o no, de acuerdo a procesos y reglas de canonización y culto a los santos, que la propia institución trataba de imponer desde el siglo XIII.

Para la Iglesia Católica, semejantes hechos implicaban cuestionar la autoridad de teólogos y Papado sobre cuestiones de dogma y fe, donde los fieles solo les correspondía obedecer, creer y callar; de allí que se pasara a acciones concretas como las realizadas en 1051-1052, en la región de Goslar (Baja Sajonia, Alemania) donde los obispos locales con la autorización del Emperador Enrique III, procesaron a varios campesinos del lugar como herejes, ya que estos pensaban que las gallinas tenían alma y no debían ser asesinadas ni mucho menos comer su carne; por esas ideas se les condeno a perecer en la horca como herejes peligrosos.

De hecho, una de las causas de la identificación, condena, persecución y muerte de personas identificadas como herejes bogomilos, cataros o albigenses, en la Europa de los siglos XII, XIII y XIV, fue la de estos creían tener como mandamiento el no matar persona o animal, ya que todos eran poseedores de almas inmortales que esperaban su salvación.

Esto provoco que la iglesia vigilara en forma permanente y cuidadosa incluso movimientos reformadores de avanzada, como el encabezado por Francisco de Asís, por sostener además de las ideas de pobreza, caridad y renovación espiritual, la idea de “no comer animales por respeto a mis hermanos, de que el hombre debe entender el verdadero mensaje de Dios para con sus animales, debe ponerse en el lugar de aquellos animales desamparados, abandonados y maltratados, solo así habrá paz”.

Los perros “Cristianos” novohispanos

En todo este contexto, las familias urbanas de la Nueva España estaban además familiarizadas no solo con el acto de bautismo, sino con múltiples actos de bendición de animales, objetos, edificios y terrenos desde el siglo XVI.
El acto de bautismo era en el orden novohispano, un sacramento o gracia que formalizaba y se reconocía el carácter humano de un ser, ya que la Iglesia remarcaba que gracias a este acto, los bautizados volvían a nacer dentro del orden sobrenatural marcado por Cristo, los santos y la Iglesia, pudiendo así trascender de la vida meramente natural o material a un plano espiritual superior que permitía la gracia y la redención.

Este acto además aseguraba su integración a una comunidad de fieles, la denominada Iglesia Militante, donde viviría hasta el fin de sus días naturales.

En este contexto, la aplicación del bautismo  requería agua bendita que se aplicaba por infusión, aspersión o inmersión, pronunciando la formula ritual de bautizo, además de formular previamente tres exorcismos, signándolo con la cruz, dándole a probar sal bendita, ungiéndole con oleo de catecúmenos y recibiendo las profesiones de fe de sus padrinos, que eran sus padres “espirituales”, mismos que establecían así un parentesco ritual tanto con el bautizado como con los padres del bautizado.

Coexistiendo en la vida diaria novohispana con los actos de bautizo, estaban los actos de bendición, que en los siglos XVII y XVIII se realizaban de acuerdo al Rituale Romanum o bien el Pontificale Romanum; por ejemplo:

-          Para bendecir campanas, se tomaba una de esta, se recitaban salmos, se lavaba la campana con agua bendita, se le ungía con oleo de los enfermos y con crisma, se colocaba al interior de la campana, un turíbulo o incensario prendido para sahumar la campana y el badajo y se leía el Evangelio de San Lucas (X, 38-42), dándole además nombre propio a la campana y designándosele “padrinos”.

-          Para bendecir la primera piedra de construcción, se colocaba una piedra cuadrangular en la esquina del futuro edificio, se instalaba un altar provisional, se bendecía la piedra, el sitio del altar y los cimientos del edificio, esparciendo agua bendita especialmente preparada, se nombraba al santo titular o al escogido por los dueños, se cantaban diversos salmos, la Letanía de los Santos y el cantico Veni Creator Spiritus.

-          Para bendecir una casa, se podía hacer con agua bendecida de la pila bautismal, antes de verter en ella los santos oleos y con una forma especial que consistía en la recitación de la antífona Vidi aquam y una oración referente a la conservación de las casas de Israel en Egipto.

-          Para bendecir las primeras flores y frutas de las cosechas, se hacían invocaciones litúrgicas (letanías), aspersión de agua bendita mediante hisopo y acetre y una exhibición de una ofrenda de los primeros productos agropecuarios (primicias) en misa, en la fiesta de la Asunción de María.

-          Para bendecir los campos y las aguas, se hacían en estas invocaciones litúrgicas (letanías), una aspersión de agua bendita mediante hisopo y acetre y la exhibición ritual de la santa Cruz, por lo general en las fiestas de la Santa Cruz, San Isidro, San Marcos y otros santos pluviosos.

-          Para bendecir animales de campo y domésticos, se trasladaban los animales a capillas, oratorios o parroquias, donde se hacian invocaciones litúrgicas (letanías) y una aspersión de agua bendita mediante hisopo y acetre, por lo regular en las fiestas de San Antonio Abad, San Isidro Labrador, San Francisco de Asís, fiestas patronales y de ferias consagradas.

Todas estas ceremonias tenían como elemento común, el uso de invocaciones o “letanías” y de agua bendita generalmente por aspersión, que en la mentalidad popular equivalían a formas simplificadas de bautismo, mismo que podían incluso realizar algún miembro de la familia en el interior del hogar, mediante agua bendita tomada de la pila parroquial, utilizando sahumadores y oraciones cristianas a manera de invocación.

Algunas propuestas a manera de conclusión

De acuerdo a la información documental y de archivo expuesta, es posible proponer:

1.- Que en la mentalidad de varios sectores urbanos novohispanos del siglo XVIII, los animales domésticos como los perros falderos, estaban integrados al grupo familiar y esta integración se formalizaba ritualmente con actos religiosos íntimos, que entre bromas y de veras, les reconocían cualidades y atributos que compartían con los seres humanos, como inteligencia, sentimientos y alma y derecho a un nombre.

2.- Que dichos rituales de carácter domestico, eran ceremonias de bendición (bautismo) y exhibiciones públicas (sacamisas) para mostrarse ante otros grupos sociales y para establecer parentescos rituales (compadrazgos) con elementos cercanos al grupo familiar, siempre todo en torno a los perros, seres ya cristianos, al menos para la familia y su circulo cercano.

3.-  Estos perros cristianos son antecedentes claros de una nueva actitud, mas abierta y cálida, de convivencia que abre nuevas perspectivas en la Historia de las Mentalidades del Mundo Novohispano, previo a su cambio y transformación en la sociedad del México Independiente.

4.- Que las instituciones y una parte de la población de este Mundo Novohispano, se escandalizaba de estas conductas y trataba de reprimirlas y perseguirlas por considerarlas verdaderas burlas y afrentas al orden social y religioso, muy de acuerdo a los planteamientos racionalistas-satíricos de escritores franceses del estilo de Voltaire, Sade y otros ilustrados europeos.

 Finalmente, con respecto a la posición de la Iglesia Católica sobre la inexistencia del alma inmortal de los animales (misma que dolosamente mencionó recientemente el Papa Francisco), quiero poder concluir este ensayo, con una reflexión lírica de Will Rogers:

Si los perros al Cielo no irán,
cuando yo muera quiero ir,
adonde ellos van. 


martes, 26 de noviembre de 2013

“Otredad: Notas sobre el Mundo Matrilineal” del Dr. Hortz Kumitstky



La Simbólica de la Conquista del Nuevo Mundo   (Parte 04)
o "La Herejía en el ejercicio de la Historia Mexicana - Cuarta Parte"

Dentro de “La Simbólica de la Conquista del Nuevo Mundo”, un seminario impartido a todo publico (en especial a los estudiantes de las ramas de la historia y la antropología mexicana) que se esta realizando del 07 de noviembre al 28 de noviembre de 2013, en el auditorio “Jaime Litvak King” del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, se presentó la conferencia del Dr. Hortz Kumitsky.

En este contexto, el  ponente en una posición “herética” para muchos académicos consagrados, junto con los organizadores, ponentes y asistentes, trató a partir de nuevos investigaciones y enfoques, crear y difundir una historiografía alternativa que tome en cuenta las tradiciones que permitieron construir el evento de la invención del Nuevo Mundo, una historiografía que retome puntos como los imaginarios sociales de la alteridad, pasando por el sentido evangelizador de la escritura sobre los indios, hasta las tradiciones interpretativas sobre la conquista y sus ecos hasta el presente.

Resumen comentado de la Conferencia del Dr. Hortz Kumitsky
07-Noviembre-2013

 
“Otredad: Notas sobre el Mundo Matrilineal”


El Dr. Kumitsky como filósofo iconoclasta, provocador y destructor de mitos y certezas positivistas y neopositivistas, tal y como lo ha demostrado con una de sus obras mas conocidas, “Extravíos de la Antropología Mexicana”, vuelve al ataque contra el inmovilismo y osificación de una buena parte de la elite intelectual mexicana

Como buen filosofo y seguidor de la máxima, “La Filosofía es la madre de todas las Ciencias”, revisó en su conferencia, la condición de Otredad que las sociedades occidentales de carácter patriarcal,  han impuesto al resto de la Humanidad a partir de la revisión critica de los Mitos, la Estructura de los linajes en las Sociedades Matrilineales y la importancia de los Sacrificios en la organización de las religiones.

Ver:

 

http://estudiosterritoriales.org/articulo.oa?id=35103308

 

Estos criterios ya han sido ampliamente expuestos en obras y conferencias anteriores, más, el Dr. Kumitsky se dirigió a los estudiantes presentes, recordándoles que en general las Academias Docentes de las Instituciones de Educación Superior en México, EU y buena parte de Europa, no están integradas por verdaderos científicos, ya que no les interesa la búsqueda, el análisis y la discusión y difusión de la verdad, sino su estatus quo y la conservación de paradigmas fundamentales, que no podían, ni debían cuestionarse, sino aceptarse de manera incondicional y amorosa.

En palabras del Dr. Kumitsky, la enseñanza e investigación que realizan muchas de estas academias docentes superiores, no es científica, sino de carácter ideológico y aun teológico, ya que se plantea y estructura a partir de conservar y justificar mitologías, creencias y dogmas oficiales, sobre como interpretar y ver el Mundo Social sin conflictos, sin historias de luchas y resistencias culturales, sin visiones de genero explicitas, sin rupturas estructurales, sin interrelaciones y sin contradicciones, un “Valiente y Anodino Mundo Nuevo” en suma.

Kumisky puso como ejemplo, la enseñanza de la filosofía en la UAM-Iztapalapa; la Academia de la licenciatura no reconoce la situación de analizar críticamente el cuerpo de conocimientos de la Filosofía Clásica, dado el hecho de que estos llegaron a nosotros incompletos, manipulados e interpolados por ideas judeo-cristianas, además de no impulsar el estudio de los idiomas en que fueron escritos los textos fundamentales de la investigación filosófica antigua, moderna y contemporánea, como el griego, el latín, el francés y el alemán.

En lugar de eso, la Academia esta mas preocupada en que los estudiantes se avoquen a repetir los paradigmas que los profesores manejan, en un proceso prolongado y repetitivo que asemeja un ballet ritualizado que se celebra ante espejos, a fin de congelar y prolongar ad infinitum, una serie de gestos, expresiones y exposiciones, donde ya es indistinguible las posiciones generacionales de maestros y alumnos.

Ante la pregunta de uno de los estudiantes presentes, sobre ¿Qué hacer?, el Dr. Kumisky planteo que utilizar críticamente en investigaciones, el método científico, el enfoque psicológico en los fenómenos sociales, la visión histórica de rupturas, continuidades y sustituciones en los procesos y hechos socioculturales y políticos, prepara a los amantes de la sabiduría (sean filósofos o no) para avanzar hacia mejores y luminosos tiempos.

 

jueves, 21 de noviembre de 2013

“La obsesión de la sexualidad indígena en las Crónicas de Evangelización”- Ma. Alba Pastor


La Simbólica de la Conquista del Nuevo Mundo   (Parte 03)
o "La Herejía en el ejercicio de la Historia Mexicana - Tercera Parte"
 

“La Simbólica de la Conquista del Nuevo Mundo” es un seminario impartido a todo publico (en especial a los estudiantes de las ramas de la historia y la antropología mexicana) que se esta realizando del 07 de noviembre al 28 de noviembre de 2013, en el auditorio “Jaime Litvak King” del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Los organizadores de este evento, desde hace cerca de diez años, como valientes académicos heterodoxos, intentan difundir entre las nuevas generaciones de estudiosos del área histórica, el re-pensamiento y revisión de los relatos y tradiciones historiográficas que se han construido en torno a la Conquista del Nuevo Mundo.

En este contexto, en una posición “herética” para muchos académicos consagrados y con apoyo oficiales, los organizadores, ponentes y asistentes tratan a partir de nuevas investigaciones, crear y difundir una historiografía alternativa que tome en cuenta las tradiciones que permitieron construir el evento de la invención del Nuevo Mundo, una historiografía que retome puntos como los imaginarios sociales de la alteridad, pasando por el sentido evangelizador de la escritura sobre los indios, hasta las tradiciones interpretativas sobre la conquista y sus ecos hasta el presente; para tal fin, se propusieron seis distintas conferencias magistrales coordinadas por los doctores Miguel Ángel Segundo Guzmán y Raúl Enríquez Valencia.
 
 
Resumen comentado de la Conferencia de la Dra. María Alba Pastor Llaneza
14-Noviembre-2013

 
La obsesión de la sexualidad indígena en las Crónicas de Evangelización
 
 
La Dra. María Alba Pastor marco como inicio de la conferencia, la situación de que en el momento en que aparecía la carne y la sangre en los hechos y acciones que las crónicas  e historias de los frailes evangelizadores manejaban en el mundo indígena prehispánico, automáticamente aparecían en  dichos textos, las ideas de una sexualidad asociada implícita o explícitamente al sacrificio humano y tangencialmente al canibalismo ritual.

Dicha situación de descripciones y asociaciones de sexualidad, idolatría, sacrificio humano,  al decir de la Dra. Pastor, comienzan  por lo general, en las obras de los sacerdotes cronistas del siglo XVI, con una serie de descripciones basadas en enumeraciones regidas por partitivos, que se respaldaban por calificaciones encubiertas, donde las descripciones de los indígenas mesoamericanos eran similares o casi idénticas a las conductas y comportamientos sexuales propios de los paganos como (griegos, romanos, musulmanes y otros pueblos no cristianos o pre-cristianos)  que se organizaban y exponían, de acuerdo a un código ético cristiano, conocido y manejado tanto por el autor como por  los lectores.

De esta forma, surgió el concepto de que a partir de los hechos descritos en las crónicas evangelizadoras del siglo XVI, de que los indígenas no adoraban a Dios, por lo que tenían que adorar al demonio, luego por lo tanto, eran paganos e idolatras y al ser paganos e idolatras, no tenían una verdadera moral y entonces los indígenas como paganos practicaban engañados por los espíritus malignos, una sexualidad depravada o bien, una sexualidad controlada que tenía que orientarse a cultivar la adoración a los demonios, en una suerte de mimesis diabólica.

De tal suerte, en la obra de los cronistas evangelizadores del siglo XVI, la sexualidad practicada por estos indios paganos e idólatras, se manifiesta en un doble carácter:

1.-  Es un reflejo de la sexualidad de los hispanos católicos (monógamos, con prácticas de infidelidad asociadas a barraganas o prostitutas, con casamientos ritualizados y bendecidos institucionalmente, con papeles y conductas de género asociadas a los sexos por lo general fundadas en la ascendencia patrilineal)

2.- Es un reflejo de la sexualidad de los paganos contemporáneos (musulmanes, orientales o africanos) o paganos pre-cristianos o de plano estaba relacionada íntimamente con los cultos idolátricos que los cristianos ya conocían y que estaban siempre inspirados por el Demonio y dado que el demonio no podía ni puede crear nada, sino solo imitar defectuosamente la obra de Dios y de que el demonio y sus secuaces también se imitan ad infinito, los ceremoniales y conductas paganas se parecen unas a otras en tiempo y espacio.
 

De allí que en las Crónicas de la Evangelización franciscana, dominica, agustina, carmelita y jesuítica del siglo XVI, las ceremonias del pasado greco-romano o no-cristiano (judaico y musulmán) se verán reflejadas apenas disfrazadas en las descripciones del mundo mesoamericano, ya que los paradigmas medievales asociaban a los no cristianos y al periodo pre-cristiano, una serie de rituales y prácticas como las festividades Dionisiacas o las Saturnalias, los sacrificios humanos a Artemisa, a los Oráculos Sibilinos, a los Manes o al Marte romano pre-imperial, la lucha circense gladiatoria, la prostitución ritual como la realizada por las hieródulas-heteras del templo de Afrodita de Corinto, el culto fálico de Príapo-Sátiro, las prácticas sexuales definidas como anti-natura como la homosexualidad, el travestismo, el bestialismo, el sexo grupal y en apariencia al azar, etc., y que en conjunto eran concebidas por los cristianos medievales y nuestros frailes cronistas-evangelizadores, como autenticas orgías de sangre y carne, a las que se entregaban los indios prehispánicos engañados por el demonio.

En ese sentido, la Dra. Pastor retomó la recomendación del Dr. Edmundo O´Gorman, de evitar buscar información en los relatos y crónicas hispanas, indígenas y mestizas del siglo XVI, sino que había que tratar de comprender lo que estas obras, significaron en la época en la que fueron redactadas.

Ante la pregunta de que entonces que se podía hacer para conocer la sexualidad de las poblaciones prehispánicas mesoamericanas, la Dra. Pastor propuso que había que plantear el diseño y práctica de proyectos interdisciplinarios que conjugaran la visión y la metodología de la Historia, la Arqueología y la Antropología, para romper la sola dependencia de textos que no pueden pasar de una retorica que describe no una Realidad objetiva, sino una interpretación moralizante de una Realidad inventada y compuesta de hechos y descripciones del pasado real o ficticio del Cristianismo.

A la par, había que empezar a trabajar para elevar el nivel de la formación académica de los futuros historiadores, antropólogos y arqueólogos en el sentido de que:

A.- Aspirar a formarse como verdaderos científicos sociales, rechazando o abandonando posiciones de Relativismo, de plantear que finalmente nadie y todos tienen la razón, y de querer ideologizar el conocimiento científico y la propia actividad científica,

B.-  Ampliaran sus conocimientos básicos sobre las obras básicas de la Antropología, la Historia y la Arqueología, que muchos de ellos no conocen así como el propio método de investigación científica, aplicado a cada campo de la investigación arqueológica, histórica y antropológica.

 


sábado, 16 de noviembre de 2013

“Huehuetlatolli, ¿Cuerpos reales o cuerpos imaginarios?” - Miguel Ángel Segundo


La Simbólica de la Conquista del Nuevo Mundo   (Parte 02)
o "La Herejía en el ejercicio de la Historia Mexicana - Segunda Parte"

“La Simbólica de la Conquista del Nuevo Mundo” es un seminario impartido a todo publico (en especial a los estudiantes de las ramas de la historia y la antropología mexicana) que se esta realizando del 07 de noviembre al 28 de noviembre de 2013, en el auditorio “Jaime Litvak King” del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Los organizadores de este evento, desde hace cerca de diez años, como valientes académicos heterodoxos, intentan difundir entre las nuevas generaciones de estudiosos del área histórica, el re-pensamiento y revisión de los relatos y tradiciones historiográficas que se han construido en torno a la Conquista del Nuevo Mundo.

En este contexto, en una posición “herética” para muchos académicos consagrados y con apoyo oficiales, los organizadores, ponentes y asistentes tratan a partir de nuevas investigaciones, crear y difundir una historiografía alternativa que tome en cuenta las tradiciones que permitieron construir el evento de la invención del Nuevo Mundo, una historiografía que retome puntos como los imaginarios sociales de la alteridad, pasando por el sentido evangelizador de la escritura sobre los indios, hasta las tradiciones interpretativas sobre la conquista y sus ecos hasta el presente; para tal fin, se propusieron seis distintas conferencias magistrales coordinadas por los doctores Miguel Ángel Segundo Guzmán y Raúl Enríquez Valencia.

Resumen comentado de la Conferencia del
Dr. Miguel Ángel Segundo Guzmán
7-Noviembre-2013
 
Huehuetlatolli, ¿Cuerpos reales o cuerpos imaginarios?”

 
Por José Antonio González Gómez

El Dr. Segundo dio lectura a su intervención, proponiendo que los huehuetlatollis como discursos presentes en la obra de fray Bernardino de Sahagún, no son transcripciones objetivas y fidedignas de una realidad familiar, política y cultural prehispánica.

Los huehuetlatollis como textos que el padre Sahagún presentó como ejemplos de retorica, filosofía moral y teología que poseían y manejaban los mexicas prehispánicos en el capitulo VI de su Historia General de las Cosas de la Nueva España, fueron cuestionados por algunos colegas cronistas del fraile franciscano, desde que se tuvo noticia de su existencia, pues el propio Sahagún escribió que “algunos émulos han afirmado que todo lo escrito en estos libros antes de este y después de este, son ficciones y mentiras.. 

¿Por qué la razón de estas afirmaciones?...Independientemente de groseras consideraciones de que los indios mexicas eran incapaces de tener vida política y moral por ser apenas superiores a los animales irracionales, el Dr. Segundo Guzmán propone que el conjunto de discursos que componen los huehuetlatollis, son cuerpos de normas y paradigmas morales y éticas católicas que Sahagún y sus informantes cristianos  construyeron no solo como símbolos referentes sino también como realidades análogas a las existentes desde la antigüedad bíblica, el alto y bajo imperio romano y la medievalidad cristiana.

Si en los textos saguntianos fueron pensados y redactados bajo la estructura de la Historia de los Judíos de Flavio Josefo así como de varias obras tardo-medievales, el Dr. Segundo Guzmán propone que los diversos discursos, platicas, preces, invocaciones y reflexiones comentadas que señores, principales, padres de familia y especialistas rituales del mundo prehispánico nahua realizaron para auditorios públicos o privados, son en realidad, cuerpos de saberes simbólicos e imaginarios que están constituidos tanto de hechos relatados y referencias eruditas de múltiples fuentes a los que se dio un orden y forma que se ajustó a una idea o a un ideal de lo que era comprensible, inteligible y reconocible para Sahagún y los frailes evangelizadores en el siglo XVI, el discurso retorico, moral y filosófico de la Cristiandad.  

Si uno lee los discursos del capitulo VI, se puede encontrar ejemplos de valores tales como  nobleza, virtud, buen juicio, devoción, piedad filial, respeto, disciplina, honestidad, castidad,  mortificación, deber hacia la norma y lo correcto, etc. que como Universo referente de todos los cristianos, le sirvió a estos en el siglo XVI, para actuar, ver e interpretar la Realidad vivida.

De hecho, este cuerpo simbólico de valores como paradigmas sirvió como Referente que estuvo siempre por encima de una Realidad tangible y engañosa (el mundo prehispánico que no fue sino una imitación realizada por el Demonio de la verdadera realidad, la de Dios y la Cristiandad) y que como referente, fue y es arrollador a tal grado, que hace que los hechos que tal vez se observaron o escucharon, sean limitados, interpretados y simbolizados no de acuerdo a lo que pusieron haber sido, sino a lo que son dentro del sistema de referencias cristiano.

Esta situación de observar no lo visto, sino lo representado con los ojos y mente de la Cristiandad, además se traslado a una escritura textual estructurada, que conformo un discurso que no solo integro la realidad prehispánica a la Cristiandad y al mundo precristiano judaico y greco-romano, sino que evito el conflicto de modelos, a partir de una “sorpresa disminuida” ante la novedad de lo prehispánico, que con el estudio y exposición de la obra de Sahagún y otros frailes cronistas, fue un conjunto de símbolos ya existentes y conocidos en los saberes cristianos y pre-cristianos.

La forma en que como historiadores abordemos estos textos, es a consideración del Dr. Segundo, la de analizarlos y reinterpretarlos haciendo un verdadero trabajo de hermenéutica de fuentes, cruzando los datos, hechos y saberes  existentes en todo el material documental (patrístico, medieval y greco-romano) del que Sahagún y los otros cronistas utilizaron para formar el Referente presente en todas las crónicas e historias del pasado prehispánico mesoamericano.

(Continuara…)